El Norte Palentino
A caballo entre los grandes
cíclopes de Picos de Europa y la horizontalidad de Tierra de Campos,
acurrucada entre sierras, bosques de roble y de haya, en ese gran
"norte" de nuestra provincia, se encuentra esa esmeralda que
es la Montaña Palentina. Para conocerla seguiremos el paso natural de
la ruta de los pantanos que atraviesa transversalmente el norte de
nuestra provincia.
Estos embalses artificiales, retén obligado de nuestras dos corrientes
hidrológicas más importantes, son el aljibe natural, desde los cuáles
se calma la sed de nuestras tierras, cuarteadas y resecas de Campos.
Generadores de energía para industrias lejanas, son el espejo donde se
asoman la cumbres níveas de nuestras sierras, ya que en sus valles,
antiguos cursos fluviales, se asientan.
Recorrer esta región natural será para cualquier viajero un deleite
para sus sentidos y un visitar hombres y tierras sanas no maleadas,
donde la armonía del paisaje interrelacionado con sus núcleos de
población forman un todo unísono, conjugándose arte, cultura y
tradición con una vida integrada en la naturaleza.
Ascendiendo por el Carrión
- romano Nubis - hacia sus altas tierras de Fuentes Carrionas es ir de
antemano a una ruta de paisaje y belleza natural. Partiendo de Guardo -
antiguo Buardoboca de penetración hacia las altas márgenes del río
Carrión, donde abandonamos las parameras tierras de rañas para de
golpe y sopetón entrar en la abrupta montaña, donde la roca madre -
calizas azules de montaña - enmarcan todo el paisaje ya campeado
durante la dominación romana, siendo testigo de ello los vestigios
dejados en la fuente intermitente o vauclusiana de la Reana, mentada por
el historiador y geógrafo romano Plinio como Fortes Tamarici y que se
pueden ver en la cercana villa de Velilla del Río Carrión.
Siguiendo adelante podemos
desviarnos de la ruta hacia Valcobero, pequeño pueblo, cuyas numerosas
cuevas le dieron origen y en el cual pueden verse todavía y por
desgracia en muy mal estado la única casa con tejado de
"colmos" (paja), vestigio histórico de nuestra arquitectura
popular de montaña. Volviendo a la ruta hacía lo que fue en otro
tiempo paso forzado de Compuerto, hoy nos encontramos con el embalse del
mismo nombre, terminado en el año 1960, con una capacidad de 95
millones de metros cúbicos de agua y con su presa a la altura de Otero
de Guardo - el siempre verde -, en otra época famoso por su casa de baños.
Siguiendo la cola de este
mismo embalse nos aproximaremos al pueblo de Camporredondo, señorío
según la leyenda del Duque de Frías y del que según la misma no se
tiene buen recuerdo en esta tierra y que da nombre al segundo pantano,
el cual es uno de los más antiguos de la provincia, construido con la
misma piedra de las montañas que le rodean e inaugurado por Alfonso
XIII en el año 1930 y que tiene 75 millones de metros cúbicos de
capacidad. Entre estos dos embalses someten al río Carrión a un retén
escalonado de sus aguas, con una alta producción hidrológica. Al
sudeste de Camporredondo se encuentra Valsurbio - ya despoblado - y que
fue el pueblo situado a mayor altitud de la provincia, 1.520 m.
Remontada la presa de
Camporredondo, entramos en las tierras de Alba, topando de frente con el
gran macizo de la Peña Espigüete, 2.450 m., impresionante mole caliza
que se refleja en las aguas del embalse, en cuyas faldas se asienta
Cardaño de Abajo, diminuto y maravilloso rincón rural, como enclave
humano en medio de un paisaje natural. Más arriba y desviándonos del
curso del río Carrión, siguiendo las aguas de su afluente el Cardaño,
penetrando por el valle del mismo nombre llegaremos al ya despoblado
Cardaño de Arriba, invernal perdido en las últimas estribaciones de
nuestra montaña. Regresando por el mismo camino al Puente Agudín,
seguimos ruta hacia Alba de los Cardaños, la blanca de estos montes, la
de los tres barrios, hoy Venecia montañesa por la rada que forma una
lengua del embalse. La carretera zigzaguea, se retuerce y nos acerca a
Triollo, valle abierto que se cierra hacia ese muro natural que es el
Curavacas, gigante negro de nuestra montaña, a cuya falda encontraremos
el núcleo urbano que primero conoce y atraviesa el río Carrión, al
bajar por las tierras de Pineda, Vidrieros.
Poco después de su
nacimiento en las lagunas de Fuentes Carrionas, éste le regala aguas de
su negro lago, con idéntico nombre, descendiendo pequeño y torrentera
queriendo escapar de las dos torres pétreas que le circundan: Peña
Prieta (2.536 m.) y Curavacas (2.520 m.). Volviendo por el mismo camino
hasta Triollo y siguiendo la ruta dejaremos el pueblo de La Lastra a
nuestra derecha y remontaremos las portillas que nos dan vista al Valle
Estrecho, divisando casi encima de nuestra vista, Santibáñez de Resoba
y, más abajo, en el fondo del valle, Rebanal de las Llantas y más allá,
San Martín de los Herreros, todos ellos a la sombra de la Peña
Redonda, sobre la que se asientan sus buenos bosques de hayas y robles.
Siguiendo la ruta llegamos a Ventanilla.
Ya en lo profundo del valle
el tercer embalse, que es el único que no forma parte de las dos
corrientes hidrológicas por excelencia de nuestra provincia, ya que
retiene las aguas del río Rivera, afluente del Pisuerga, que nace en el
Valle Estrecho, en la Fuente Desondonada o Caldereta. Este se terminó
de construir en el año 1923, con el único fin de que sirviese de
reserva hidrológica para el entonces importante Canal de Castilla, por
lo que su capacidad es muy reducida, tan sólo de 10 millones de metros
cúbicos de capacidad. Su represa se encuentra ubicada haciendo pared
con el pueblo de Ruesga, el cual le presta su nombre, formando sus aguas
un lago artificial de gran belleza.
A pocos kilómetros Cervera
de Pisuerga, punto de partida de nuestra segunda ruta, nos abre las
puertas del Valle de Pernía y remontando el paso de las Matas veremos nítidamente
los paisajes que vamos a recorrer.
Más hacia el norte del
embalse de Ruesga, y por encima del pueblo de Arbejal, se encuentra el
cuarto retén artificial, el primero que va a encontrar el río Pisuerga
en su largo discurrir desde el Valle de Redondos. Nos referimos al
embalse de Requejada, que anega la vega de Vañes, pueblo que quedó
atrapado por sus aguas, aunque algunas de sus viviendas quedaron en su
margen izquierdo ya reedificadas. Sus contornos son una de las mejores
reservas ecológicas de nuestra provincia, albergando gran riqueza de
avifauna acuática. Siguiendo el Valle de Pernía, pasillo por donde da
sus primeros pasos el joven Pisuerga llegamos a la muy noble villa de
San Salvador de Cantamuda (cabeza de Pernía), discurriendo a muy pocos
metros de su Colegiata, sobria y austera muestra de nuestro románico
montañés, cuya espadaña quiere competir con la gran atalaya de la Peña
Tremaya, de cuyo baluarte natural - según cuenta la leyenda - bajó su
nombre en boca de una muda que luego cantara. Dejando muy cerca la Abadía
y Lebanza y siguiendo sus aguas que zigzaguean entre prados verdes,
llegaremos a la Venta Urbaneja y al molino de Sopeña al remanso del
Tremaya, y veremos un río, montaraz, que en este punto nos hará subir
hacia el Valle de Redondos, saliéndonos al paso el diminuto acogedor
pueblo de Tremaya y, más arriba, San Juan y Santa María de Redondo
(los dos Redondos), antiguos enclaves que deben su origen a las
repoblaciones del siglo IX, después de haber dejado en su margen
izquierda las ruinas del antiguo monasterio del Viarce, a socallo de las
Peñas del Moro que le fundare. En este punto entramos en el mundo de lo
natural, todo va a ser un discurrir lento - porque hay que hacerlo a pie
- por un majestuoso paisaje de laderas de verde alfombra, remontando la
cuesta que nos acerca entre hayedos, robledales y acebos a la negra boca
de la surgencia de la Cueva del Cobre aunque la ciencia espeleológica
ha demostrado que su nacimiento hidrológico se produce el circo de
Covarrés (cara norte del Pico Valdecebollas), a casi 2.000 m. de
altitud.
Dejando atrás los pueblos
de Areños, Casavegas y Camasobres, de pronto nos encontramos
encajonados en el Paso de las Hoces, desde el cual escalaremos los pocos
metros hacia el pueblo de Piedrasluengas, invernal que a socayo del Peñalabra,
nos da la vista al Valle de Liébana, tierra hermana, continuación de
las bellezas paisajísticas que desde ese punto se dominan.
Para esta tercera ruta
llegaremos al quinto y último embalse, el de Aguilar de Campóo. Es el
mayor de la provincia, ya que tiene una capacidad de 247 millones de
metros cúbicos y fue terminado en el año 1963. Actualmente, además de
sus misiones propias de retén y producción de riqueza energética, es
un lugar idóneo para la práctica de los deportes acuáticos, aunque no
está muy explotado para este fin. Dejando atrás éste llegaremos a la
muy noble villa de Aguilar de Campóo y siguiendo la carretera que nos
acerca a Barruelo de Santullán, desde aquí ascenderemos a Brañosera y
Salcedillo, donde las tierras de la Braña nos ofrecerán su
pintoresquismo, solar de noble historia. En esta ruta hay mucho de lo
que la terminología científica denomina sinclinales, buzamientos,
loras, combes y que hacen relación a las formas del relieve externo de
nuestra corteza terrestre. En la práctica son impresionantes paisajes
donde el derroche de la naturaleza ha creado una forma más para el
deleite del ojo humano.
Nos vamos a detener únicamente
en este ángulo geográfico cuya cabecera es Aguilar de Campóo
Partiendo de ella nos podemos acercar al término de Mave en el cual
podemos apreciar una impresionante "clus" geológica en el cañón
natural de la Horcajada, paso forzado del río Pisuerga por el cual
trascurre entre cantiles calizos "horadados" en la dura roca.
Muy cerca de este lugar y por encima de él en el pueblo de Villaescusa
de las Torres, podemos ascender a la fantástica cárstica que forma la
meseta natural de las Tuerces, idílico y fantasmagórico lugar, donde
la naturaleza ha creado un paisaje abstracto en el cual mucho ha tenido
que ver la erosión endógena producida por las aguas subterráneas,
cuya actividad ha ido dejando como muestra los impresionantes
callejones, puentes, diaclasas y setones de caliza. Dentro del mismo
complejo geológico se encuentra el encantador - por diminuto - pueblo
de Gama, en cuyas proximidades encontraremos un impresionante valle cárstico
- cerrado en cuyo interior se alberga uno de los microclimas más
llamativos de la zona.
Apartándonos un poco de
esta zona y partiendo del pueblo de Revilla de Pomar, podremos
acercarnos a las estribaciones del Páramo de la Lora, otra región
geográfica natural que se reparte entre las provincias de Palencia.
Burgos y Santander. A muy poca distancia podemos visitar otra buena
muestra de valle de regresión geológica cárstica, que nace en la
surgencia de Covalagua. Desde este punto, y continuando la carretera que
nos acercó al valle de Covalagua, entramos en la planicie caliza del Páramo
de la Lora, en cuyo centro se abre la boca de la Cueva de los Franceses,
caverna natural abierta al público por la Diputación Provincial. Su
nombre proviene de haber sido el último reposos de los combatientes que
cayeron en un enfrentamiento durante la guerra de la Independencia
(1808) entre tropas napoleónicas y un destacamento de Húsares Cántabros.
La cueva está dotada de iluminación artificial, su recorrido mantiene
la dirección Este - Oeste con una profundidad máxima de 21 metros y
una cuota superficial de 4 metros, y su desarrollo es totalmente
horizontal, con pequeños desniveles. En la actualidad se llega al
interior de la misma a través de un túnel artificial, horadado en la
caliza masiva del páramo. La superficie total de la cueva se acerca a
los 1.000 m. aunque la zona visitaba, sólo en el recorrido de ida,
transita por 482 m. Pasado el emplazamiento de la mencionada cueva,
seguiremos por una pista en buen estado que nos acerca al mirador de
Valderredible, sobrecogedor balcón natural desde el que por su parte
norte dominaremos una gran panorámica de nuestra montaña y la de
Santander, así como las aledañas al Ebro y por su parte sur, toda la
majestuosa soledad del Páramo de la Lora.